Crucero Mediterráneo en el Costa Atlantica: Savona

Explorando Génova y desembarque en Barcelona

reporteros a bordo

por Jesús Rico




crucero mediterraneo
Costa Atlantica

Costa Atlantica

  • Puerto de salida: Barcelona
  • Naviera: Costa Cruceros
  • Año construcción: 2000
  • Tonelaje: 85.000 Tn
  • Pasajeros: 2.680
  • Tripulación: 920

  • Dia 4: Savona

    El Costa Atlantica arribó al puerto de Savona. Esta pequeña ciudad del norte italiano es unos de los puertos base de la naviera Costa Cruceros, como así lo atestigua la terminal Palacruceros allí construida por la misma naviera (de hecho, en un futuro próximo Savona inaugurará una ampliación de dicha terminal).

    La ciudad, con una población de casi 60.000 habitantes y ciudad natal de dos Papas, tiene suficientes puntos de interés que justifican una escala, sin embargo decidí visitar Génova junto a mi compañero de ese día, Gabriel Alomar. Savona debería esperar a otra ocasión, aunque ese mismo día pude aproximarme en cierta medida al conocimiento de la ciudad.

    Después de un buen desayuno en el buffet de la cubierta nueve, Gabriel y yo abandonamos el Costa Atlantica y caminamos hasta la estación de trenes. Llegamos a la estación a las 10 de la mañana, después de una caminata más larga de lo esperado. El primer tren con dirección a Génova partiría de Savona a las 10:30. Este tren realizaba pocas paradas y en media hora llegaba a la capital de la Liguria. El precio fue de 7,5€ (el tren de vuelta, con un mayor número de paradas y una duración de 45 minutos me costó 4,5€).

    Ruta desde el Costa Atlantica a la estación de trenes



    Ver Ruta a pie a la estación de Savona en un mapa más grande

    Cuando el tren llegó a Génova descendimos en la estación de Piazza Principe, una estación que conserva una excelente fachada. Al abandonar la estación descubrí una de las estatuas votivas de Cristobal Colón y dos hoteles con historia, como bien me explicó Gabriel. El primero de ellos, en la misma plaza de la estación, era el Hotel Colombia, antiguo hotel en el que se hospedaban los pasajeros de segunda y tercera clase que emigraban a América en el siglo XIX y XX. El segundo hotel, con su fachada ya mirando hacia el puerto genovés, era el Hotel Miramare, el alojamiento escogido por los pasajeros de primera clase que viajaban al Nuevo Mundo a bordo de los Ocean Liners. A los pies de este hotel, la vieja estación marítima, una de las más bellas y antiguas de Europa, aún en uso, que conserva las viejas mesas en las que los pasajeros de los transatlánticos depositaban sus equipajes. Sin duda esta escala se estaba convirtiendo en la más instructiva del crucero gracias al conocimiento que Gabriel demostraba tener sobre la ciudad italiana.

    Nuestra excursión continuaría por el antiguo barrio marino de Génova. Muchos de los edificios y callejuelas aún conservan ese aroma marino de antaño (yo logré imaginar los gritos de hace unas cuantas décadas de una mujer italiana llamando a su esposo a la hora de comer), aunque la gran parte de su población haya sido suplantada por emigrantes.

    Después de adentrarnos por algunas callejuelas para disfrutar de este popular barrio, encaramos la Vía Paolo Emilio Bensa y la Galleria Giuseppe Garibaldi con el objetivo de llegar a una de las zonas más monumentales de la ciudad, la Piazza Ferrari. Esta hermosa plaza, rodeada de imponentes edificios, como el antiguo edificio de la Bolsa o uno de los laterales del Palazzo Ducale, y anexa a otros edificios de gran interés como el Duomo, es una de las plazas más frecuentadas por los turistas (en ocasiones se hacía difícil inmortalizar con la cámara las bellas estampas). Desde la misma plaza también se puede observar uno de los primeros rascacielos construidos en Italia, allá por los años 30 del pasado siglo.

    Seguimos caminando y a poca distancia de la Piazza Ferrari encontramos una de las puertas de acceso a Génova en los tiempos en los que ésta era Ciudad-Estado, la Porta Soprana. A pocos metros de la Puerta un pequeño edificio, de aspecto descuidado también, que se publicita como la casa natal de Cristóbal Colón. Curioso fotografiarse frente a la misma, aunque el escepticismo me hace pensar que es el típico reclamo a los turistas, ya que el edificio es una reconstrucción posterior.

    La excursión en Génova llegaba a su fin. Caminamos a lo largo de la Via 20 de Settembre hasta la inmensa e impresionante Piazza della Victoria, construida en tiempos de Mussolini (antes de la intervención en tiempos del fascismo el circo de Bufalo Bill actuó en esta plaza). En el centro de la misma se erigió un Arco, de estilo clásico, dedicado al soldado desconocido, y en uno de los extremos se representan formadas por flores las tres carabelas que fletó Cristóbal Colón en su primer viaje a América; en el otro extremo, la estación de trenes Genova Brignole que nos llevará de vuelta a Savona.

    Ya en la pequeña ciudad italiana, desandamos el camino que habíamos tomado esa misma mañana por la Vía Pietro Paleocapa, una larga calle porticada muy bien conservada. No queríamos irnos sin ver algunos de los edificios que Savona tiene, así que encaramos por la Vía Alessandro Manzoni llegando a la catedral de la ciudad. Su fachada es hermosa (no lo son los costados y la parte posterior), aunque su interior, accedimos al mismo desde un claustro, la supera con creces gracias a su decoración. Desde ese mismo claustro se accede a la Capilla Sixtina de la catedral, muy publicitada en los folletos turísticos. Es posible que el nombre de esta capilla lleve al engaño a sus visitantes; aunque es hermosa no tiene nada que ver con la que hay construida en el Vaticano.

    Tras acceder al barco y después de una revitalizante ducha me dirigí a la pizzería de la cubierta 9. Tras la larga excursión y el sofocante calor de Génova necesitaba reponer fuerzas y las pizzas del Costa Atlantica me ayudaron a conseguirlo.



    Dia 5: Barcelona

    Ultimo día del minicrucero y el peor con diferencia de todos los cruceros. La diferencia entre este y otros cruceros es que desembarqué a las 14:00 horas (únicamente en el crucero del Báltico había desembarcado tan tarde), por lo que pude disfrutar las últimas horas a bordo del Costa Atlantica. Y ello significaba despedirme de las personas que había conocido en el mismo. Y que mejor forma que hacerlo degustando la excelente cocina del Restaurante Tiziano, salón que había frecuentado todas las noches, pero al que en ninguna ocasión había acudido al mediodía.

    Después de la comida el desembarque se produjo con gran rapidez en el Puerto de Barcelona. Desde allí el marido de Mireia me trasladó junto a Juan Roldán hasta Plaça Catalunya. Desde esa plaza subí al Aerobús, con un precio de 5,65€, que me trasladó hasta el Aeropuerto de Barcelona.

    Jesús Rico


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    Sobre el autor:

    Jesús Rico.

    Hasta la fecha he podido disfrutar de cuatro cruceros, dos con Pullmantur (Sky Wonder, 2007, y Empress, 2010), con Royal Caribbean (Voyager of the Seas, 2009) y NCL (Jade, febrero del 2011). Si he de elegir alguno de estos cruceros me quedo con el primero, por descubrirme esta nueva forma de viajar y como principal razón por ser mi Luna de miel; es extraño porque el barco era el peor con diferencia y el más viejo, del año 1984.

    Siempre que pueda embarcaré en más cruceros sin tener preferencia hacia ninguna naviera. Sé que cada barco tiene su encanto personal y con eso me sobra, aunque sé que buscaré ofertas del Oasis of the Seas, el Allure of the Seas, el Epic… y por zonas los fiordos noruegos, la costa oeste o este de EEUU, Alaska o cruzar el Canal de Panamá
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