Esta guía del pasajero de Ybarra la compré en una subasta por internet de memorabilia de cruceros (lo reconozco, soy un friki de los viajes en crucero clásicos).
Es la oficial que recibían los pasajeros del Cabo San Roque y el Cabo San Vicente, impresa en 1962, y cuenta de primera mano cómo se viajaba en los dos trasatlánticos que cerraban la lista de la naviera.
- La guía del pasajero de Ybarra es un cuadernillo de 20 páginas, escrito exclusivamente para el pasaje del Cabo San Roque y el Cabo San Vicente.
- Explica la vida a bordo de la letra A de «Aire acondicionado» a la V de «Valores», con horarios, normas, galones y tarifas.
- Los dos barcos tenían un revolucionario aire acondicionado y dos piscinas, y dentro hacía en verano al menos 10 grados menos que fuera.
- Un whisky costaba a bordo entre 15 y 25 pesetas, una permanente de señora entre 150 y 200, y los remedios para el mareo no los cobraba el médico.
¿Qué era la guía del pasajero de Ybarra?
Es un cuadernillo grapado de 20 páginas, con tapas de cartulina gris y el anagrama de Ybarra en la portada, que servía de manual de viaje a quienes embarcaban en sus barcos.
Por dentro lleva un índice alfabético (no había smartphones ni IA) que va de «Aire acondicionado» a «Valores».
La primera página interior cuenta la historia de la naviera con una lista de barcos. Empieza en 1872 con el Itálica y termina en 1961 con el Cabo San Roque y el Cabo San Vicente. Continúa con el saludo cordial de Ybarra y Cía., desde Sevilla: «Sr. Pasajero: ¡Bien venido a bordo! Le deseamos un feliz viaje.»
Hoy me gustaría compartir cinco de sus páginas, cada una con su explicación, y mis pensamientos al tener esta guía entre mis manos.

¿Cómo eran el Cabo San Roque y el Cabo San Vicente según su guía?

Ybarra no disimulaba el orgullo. Presentaba a sus dos barcos, construidos en Sestao por la Sociedad Española de Construcción Naval, como «el máximo exponente del progreso en la construcción naval española».
Y presumía de firma, porque la decoración la dirigió «el eminente arquitecto D. Gustavo Pulitzer».
Los interiores los firmó el triestino Gustavo Pulitzer Finali, el decorador del Conte di Savoia, y los muebles se hicieron en Valencia, en los talleres de Martínez-Medina.
Las cifras que daba al pasaje tienen algo de folleto comercial, y lo eran. Casi todas van redondeadas hacia arriba.
| Dato | Guía del pasajero (1962) | Ingeniería Naval (1957 y 1959) |
|---|---|---|
| Eslora | 170 m | 169,665 m |
| Registro bruto | 14.500 toneladas | 14.491 toneladas |
| Velocidad | 22 nudos | 20 nudos en servicio; 21,96 en las pruebas del Cabo San Roque |
| Pasajeros | 840 en línea regular y 600 en crucero | 823 en el Cabo San Roque recién entregado |
| Tripulación | 260 en línea regular y 300 en crucero | 231 en el Cabo San Roque recién entregado |
Ingeniería Naval, diciembre de 1957 (Cabo San Roque) y junio de 1959 (Cabo San Vicente).
A mí lo que más me dice son las dos últimas filas. En línea regular cabían 840 pasajeros y en crucero solo 600, atendidos por 300 tripulantes en vez de 260.
Los gemelos repartían el año entre la línea de Sudamérica y los cruceros, que en 1959 ocupaban unos 68 días y en 1963 ya 147.
La línea unía Génova y Barcelona con Río de Janeiro, Santos, Montevideo y Buenos Aires.
Por eso la misma guía servía para los dos viajes, y se nota en los detalles. En línea regular todo se pagaba en pesetas; en crucero valía «cualquier divisa de curso normal».

¿Quién era quién a bordo?
A bordo convenía saber con quién se hablaba, y la guía enseñaba los galones de la plana mayor, del capitán al capellán.
Son seis hombreras negras con galones dorados, las del capitán, el jefe de máquinas, el primer oficial, el primer sobrecargo, el primer médico y el capellán.
Cada cuerpo llevaba su color entre los galones. El de máquinas era verde, el del médico rojo y el del capellán morado.
Debajo van seis emblemas, de náutica, máquinas, capellán, sanidad, radiotelegrafista y contaduría.
Pero el que más trabajo tenía, a juzgar por la guía, era el sobrecargo. Su oficina, la Contaduría, atendía las reclamaciones, cambiaba moneda y «traveller’s cheques» y guardaba las joyas en cajas de seguridad.
También se quedaba con el pasaporte de cada pasajero en los puertos extranjeros, y con las armas y las películas que nadie podía tener en el camarote.
El capellán era católico y decía misa a diario en la capilla de la cubierta A.
Detalle curioso, de noche, de 21:30 a 7:30, hacían guardia los serenos.

¿Cómo era un día a bordo en 1962?
Con sus horarios se puede reconstruir un día cualquiera a bordo, de la misa de la mañana al baile de medianoche.
- Desayuno en los comedores de la cubierta B, hasta las 9:30. En el camarote se servía a cualquier hora.
- Misa en la capilla de la cubierta A.
- Caldo o consomé en los salones y en las cubiertas de paseo.
- Un toque de sirena marca la hora exacta del barco.
- Almuerzo en dos turnos, en los comedores «Azul y Rosa».
- Té en el bar de la Sala de Fiestas, el Bar Verde o el Bar Naranja.
- Cine en el Salón de Fiestas.
- Cena en dos turnos.
- Bingo o carreras de caballos, hasta las 23:00.
- Cine al aire libre a popa, en la cubierta de paseo, y orquesta de baile hasta medianoche.
Cada mañana llegaba al camarote el Programa del Día, junto con el diario de a bordo, «MARIPEZ», que traía noticias, cuentos y amenidades.
Las comidas se anunciaban con un carillón por los altavoces. De 10 a 14 sonaba el Programa del Oyente, con los discos que se pedían en la Contaduría.
De lo que más presumía Ybarra era del aire acondicionado. Prometía aire «fresco, deshumidificado y ozonizado» y pedía cerrar las puertas al pasar.
En verano, dentro hacía al menos 10 grados menos que fuera. Por eso recomendaba no ir a las piscinas en traje de baño, sino con albornoz, para evitar el golpe de calor o el enfriamiento.
Había dos piscinas, en la cubierta de navegación y en la de paseo, abiertas de 9 a 22. Quien avisara en el Bar del Club antes de las 12 podía tomar allí un «buffet-froid».
Para moverse estaban el gimnasio de popa, el deck-tennis, el tejo, el tiro al plato, el futbolín y el ping-pong.

¿Cuánto costaban las cosas a bordo?
Las tarifas ocupan tres páginas, todas en pesetas, y hoy se leen con una sonrisa.
El reclamo era el bar. Como a bordo no se pagaban aduanas, un buen whisky costaba entre 15 y 25 pesetas.
Una cerveza alemana, danesa u holandesa no pasaba de 12 pesetas la lata, y un cognac francés se quedaba por debajo de 30 la copa.
Los precios del bar se fijaban el día de la salida para todo el viaje. Un paquete de cigarrillos americanos cortos, «tipo Chesterfield», costaba 10 pesetas y un habano Corona, 25.
| Servicio | Pesetas |
|---|---|
| Permanente en la peluquería de señoras | 150 y 200 |
| Corte de pelo de caballero | 12 |
| Afeitado | 6 |
| Lavado y planchado de una camisa | 15 |
| Planchar un traje | 30 |
| Tumbona para todo el viaje | 50 |
| Silla de extensión para todo el viaje | 75 |
| Cartón de bingo | 25 |
| Primera visita médica en el camarote | 125 |
| Visita nocturna del médico | 150 |
| Radiotelegrama a España, por palabra | 1,40 |
| Radiotelegrama a Buenos Aires, por palabra | 13,85 |
Guía del pasajero de Ybarra y Cía., páginas 18 a 20.
El mareo no se cobraba. La asistencia a los mareados y sus medicinas eran gratis.
Casi todo lo demás se pagaba con tarifa, según el Reglamento Orgánico de Sanidad Exterior.
Un radiotelegrama de diez palabras a Buenos Aires salía por 138,50 pesetas, casi lo mismo que la visita nocturna del médico.
No paso estas cifras a euros. Con más de sesenta años de inflación por medio, cualquier cuenta rápida se quedaría corta.

¿Qué normas de a bordo sorprenden hoy?
En línea regular nadie podía salir de los límites de su clase. En modo crucero, salvo aviso, el pasaje se movía libre por todo el barco.
Los niños pequeños no entraban en los salones, «en evitación de molestias», y tenían su sitio en la cubierta de paseo.
En el Cabo San Roque era una sala a estribor y en el Cabo San Vicente, un espacio a babor. Una «nurse» podía encargarse de ellos.
Las armas se entregaban en la Contaduría al embarcar, y sin licencia no subían. Lo mismo pasaba con las películas de cine.
Los enchufes del camarote no servían para planchar. Para eso había tablas en los aseos de señoras, con corriente de 125 voltios y planchas de hasta 300 vatios.
Había ceniceros repartidos por todo el barco. Eso sí, Ybarra pedía no tirar colillas ni siquiera por la borda, y lo remataba con un «¿De acuerdo?».
Con el equipaje, la naviera hacía una confesión que cualquier crucerista de hoy firmaría, «nuestros pasajeros llevan siempre demasiadas cosas».
Para un viaje de diez a veinte días, a ellas les recomendaba uno o dos trajes de noche, un traje sastre y unos cuantos foulards, «indispensables». A ellos, traje de etiqueta, traje oscuro y traje de calle.
Y daba la razón sin rodeos, «A bordo de un buque trasatlántico se baila todas las noches».
¿Qué sigue igual en un crucero de hoy?
Más de lo que parece.
- El programa del día en el camarote, que entonces llegaba con el diario «MARIPEZ».
- El bingo y las carreras de caballos.
- El fotógrafo que te retrata y vende las copias.
- Los dos turnos de cena con mesa asignada.
- El simulacro y el chaleco naranja del armario.
- La tienda de a bordo y la peluquería.
- Misa diaria con capellán propio.
- Serenos de guardia por la noche.
- Radiotelegramas pagados por palabra.
- Armas con licencia, en depósito en la Contaduría.
- Ceniceros por todo el barco.
- Clases cerradas en línea regular.
La diferencia de fondo es otra. En 1962 el barco también era un medio de transporte, y su Oficina de Información reservaba el tren, el coche cama, el avión o el hotel.
¿Qué se ha perdido en los cruceros modernos?
Leyendo la guía, lo que más echo de menos no son los serenos ni el capellán. Es el ritmo que el barco imponía.
A las once subía el caldo a cubierta y a las cinco llegaba el té. Eran dos pausas fijas en un día sin prisas.
La noche tenía su ropa. Si se bailaba cada noche, la maleta se hacía pensando en eso, y hoy en muchos barcos la noche de gala es una o ninguna.
El maître te buscaba «agradables compañeros de mesa». Con el horario libre, sentarse a cenar con desconocidos se ha vuelto casi una rareza.
Y se leía. El barco tenía biblioteca con bibliotecarios y su propio diario, con cuentos.
No quiero volver a las clases cerradas ni a fumar en el salón. Pero aquel barco te obligaba a parar, y eso sí me gustaría recuperarlo.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos pasajeros llevaban el Cabo San Roque y el Cabo San Vicente?
Según su guía de 1962, 840 en línea regular y 600 en crucero. Ingeniería Naval dio 823 pasajeros y 231 tripulantes para el Cabo San Roque recién entregado, en 1957.
¿Tenían aire acondicionado y piscina?
Sí. La guía habla de «la más moderna instalación climatizadora» y de dos piscinas rodeadas de cubiertas para tomar el sol. El Cabo San Vicente se proyectó con aire acondicionado en todos los espacios habitados, también en los de la tripulación, según Ingeniería Naval.
¿Qué ruta hacían?
¿Qué fue de los dos barcos?
El Cabo San Roque sufrió un incendio en Ferrol el 24 de enero de 1977, se vendió ese año y acabó en el desguace de Barcelona en 1982, según Puente de Mando y En Visita de Cortesía.
El Cabo San Vicente, según varias fuentes, se vendió en 1975 a una naviera de Bombay, pasó a llamarse Noor Jehan y pudo desguazarse en 1985.
Sigue leyendo¿Quieres saber más de Ybarra y Cía.?La naviera nació en Sevilla en 1843, llevó pasaje entre 1927 y 1981 y fue la casa del Cabo San Roque y el Cabo San Vicente.Leer la historia de Ybarra y Cía. →Fuentes consultadas (8)
- «Guía del pasajero», Ybarra y Cía., S. A., Sevilla. Una creación OFITADE, realizada por Grafiplás, S. A. Depósito legal M. 9374-1962. Colección de Jesús García.
- Ingeniería Naval n.º 257, noviembre de 1956, pp. 651-652, «Botadura del trasatlántico Cabo San Vicente» · enlace
- Ingeniería Naval n.º 270, diciembre de 1957, pp. 628-631, artículo técnico del Cabo San Roque · enlace
- Ingeniería Naval, junio de 1959, pp. 305-306, «Entrega del Cabo San Vicente» · enlace
- Martínez Torán, M. y Esteve Sendra, C., «Interiorismo naval de los años 50 y 60: Martínez Medina, una referencia en España», ADD n.º 8 (2022), pp. 139-172 · enlace
- Díaz Lorenzo, J. C., «El trasatlántico Cabo San Roque, un hito de Ybarra y Cía.», Puente de Mando, 5-5-2021 · enlace
- Casinos, A., «El transatlántico español Cabo San Roque», En Visita de Cortesía, 23-5-2020 · enlace
- Goossens, R., «Ybarra Line – Ybarra y Cía.», ssmaritime.com · enlace

