Hay mares y destinos que te marcan la primera vez que los visitas. Japón te marca cada vez que vuelves, y cada vez de una forma diferente.
Este ha sido mi tercer crucero por sus costas (después del Celebrity Millennium en 2023 y el Noordam de Holland America en 2024) y puedo afirmar, sin rastro de duda, que Japón desde el mar sigue siendo una de las experiencias viajeras más completas que existen. Distinta cada vez. Imposible de agotar en un solo crucero, y que atrapa al viajero.
CONTENIDOS:
Esta vez embarcábamos con algunas dudas en el que era el primer crucero de la temporada 2026 del Diamond Princess de la naviera Princess Cruises: ¿qué ofrecía Princess en este mismo escenario? ¿Cómo se comporta un barco grande (más de 2.700 pasajeros) y con 22 años de servicio? La respuesta, como suele ocurrir en los viajes que merecen la pena, fue más matizada y más interesante de lo esperado.
El Diamond Princess tiene una particularidad que lo hace único entre todos los cruceros navegando y operando en Japón: fue construido aquí, en los astilleros Mitsubishi de Nagasaki, en 2004. Un barco que navega por las mismas aguas en las que nació. Hay algo poético en eso que, cuando lo descubres, cambia ligeramente la forma en que lo miras. Un barco elegante, práctico y que fue diseñado poniendo énfasis en los detalles; una declaración viva de la propia tradición y cultura japonesa.

Hoy me gustaría compartir con vosotros nuestro diario de viaje, las anécdotas y experiencias vividas en esta última aventura que ha sido nuestro crucero. No es un tour guiado por el barco (ya hay muchos catálogos con todos los detalles) sino cómo vivimos estos días explorando Japón en el Diamond y mi mas sincera opinión a los ojos de un crucerista veterano.
El Diamond Princess nos ofreció una gran puerta desde el mar al Japón más auténtico. Posiblemente una de las mejores a disposición del crucerista en la actualidad: gastronomía adaptada al destino, cabinas generosas en espacio y detalles, instalaciones en estado impecable y una relación calidad/precio/experiencia que resulta difícil de superar en este segmento.Un barco e itinerario perfecto para el viajero que prioriza el destino sobre el entretenimiento y no necesita que el barco le entretenga cada minuto, pero si todas las comodidades y gastronomía de los hoteles de nuestros días.
DATOS DEL CRUCERO
- Objetivo principal del viaje: descubrir Japón desde el mar, itinerario sur-oeste.
- Barco: Diamond Princess
- Naviera: Princess Cruises (Carnival Corporation)
- Itinerario: Japón y Corea del Sur (Voyage M605)
- Días: 10 (9 noches
- Puerto base salida: Yokohama, Japón
- Puerto base llegada: Yokohama, Japón
- Escalas: Beppu, Hiroshima, Shimonoseki, Busan (Corea del Sur), Nagasaki, Aburatsu (Miyazaki). Kochi y Toba canceladas por fuerte viento
- Cabina: Mini Suite, Dolphin Deck, Cubierta 9, proa
- Reserva: comprada durante la Semana del Crucero de El Corte Inglés en modalidad cabina garantizada
- Precio por persona: aprox. 1.550€, sin extras incluidos
Diario de viaje: Diamond Princess por Japón
YOKOHAMA
10°C
Yokohama, la ciudad conectada con los cruceros
Llegamos a Yokohama unos días antes del embarque y nuevamente nos alojamos en el Citadines Harbour Front; un hotel estratégicamente situado que recomendamos sin reservas: a diez minutos andando de la terminal de cruceros, con acceso fácil en tren desde los dos aeropuertos internacionales de Tokio (Haneda es el más próximo) y rodeado de algunas de las atracciones más fotogénicas de la ciudad.

Desde la puerta del hotel, a pocos minutos a pie, se puede visitar el Chinatown de Yokohama (el mayor de Japón), el espectacular parque Yamashita con el buque museo Hikawa Maru como protagonista (imperdible para los amantes de la náutica y la historia marítima), los icónicos Red Brick Warehouses y la zona de Sakuragicho, con su teleférico urbano y su noria gigante sobre la bahía.
Si tienes tiempo (y el jetlag del vuelo te lo permite) la propia Terminal Internacional de Cruceros Osanbashi merece una visita aunque no hayas embarcado todavía. Su enorme estructura de madera, que imita la cubierta de un antiguo ocean liner, convierte el edificio en una obra de arquitectura integrada en el puerto sin estridencias. Desde su nivel superior, con vistas a los tres muelles donde atracan los barcos, el viajero ya empieza a entrar en modo crucero.
YOKOHAMA
10° C
Embarcando en Osanbashi: cuando la organización japonesa se aplica al check-in
En el día del embarque la terminal nos recibió a las once de la mañana con una organización digna de mención: sistema de números, área de espera en el lobby central y megafonía bilingüe (japonés e inglés) llamando por turnos. Sin aglomeraciones, sin confusión.

Junto a nosotros, el perfil de los pasajeros que esperaban dibujaba con claridad el ADN de este crucero: viajeros de más de cuarenta años, muchos seniors, presencia notable de anglosajones y asiáticos, algunas familias. Clase media, bien organizada, con más pinta de lectores de guías de viaje que de buscadores de animación nocturna (aunque luego a bordo hubo de todo).
A las 11:45 comenzaba el check-in y el embarque. Para nuestra sorpresa, la cabina ya estaba lista a las 12:15 (casi tres cuartos de hora antes de lo previsto). Lo primero que hicimos, el simulacro de emergencia, gracias al sistema digital MedallionClass, se realizó a través de la app sin necesidad de reunión física en cubierta (solo visionar un vídeo e ir al punto de encuentro en caso de emergencia); un detalle que agradecimos enormemente en las primeras horas a bordo.
La mini suite en la Dolphin Deck (cubierta 9, proa) me pareció mucho mejor de lo esperado. Muy amplia, con zona de estar diferenciada junto al balcón, dos televisores, almacenaje generoso (hasta el punto de dejar cajones vacíos durante todo el viaje) y un baño con bañera completa que incluía un inodoro japonés electrónico; el mejor símbolo posible de un barco que sabe exactamente en qué aguas navega. Los colchones, cómodos; las almohadas, reemplazables a petición. Un único punto a mejorar: la temperatura del agua de la ducha oscilaba de forma impredecible entre fría y muy caliente, sin término medio estable.
Eran las 14:58, con la puntualidad que uno ya empieza a esperar de todo lo japonés, el Diamond Princess dejaba atrás el puerto de Yokohama, disfrutando este momento desde el amplio balcón.
Mientras, en el lobby principal el Director de Crucero Hiroshi Inamori bebía sake con los cruceristas siguiendo la tradición japonesa de comienzo del viaje.
💡 Consejo práctico:
Si reservas mini suite en proa (cubierta 9), ten en cuenta que el movimiento del barco se nota más que en posiciones centrales durante días de fuerte oleaje. En los dos últimos días de navegación forzada del viaje, fue un factor a considerar. Para viajeros sensibles al mareo, mejor optar por camarotes en posición central o popa, y en cubiertas más bajas.
NAVEGACIÓN
12° C
Explorando cada rincón del barco
Los días de navegación en el Diamond Princess lo disfrutamos con ritmo pausado, sabiendo que las escalas que visitaremos merecen llegar descansados. Tras el intenso pre-crucero en Yokohama, la jornada transcurrió entre el buffet Horizon Court (cubierta 14) y una primera exploración de los espacios comunes.
Y aquí la primera sorpresa real: el Diamond Princess tiene 22 años, pero sus zonas comunes lucen en un estado de conservación excepcional. La última renovación de 2023 ha tratado bien a este veterano.
Maderas, moquetas, mobiliario; todo transmite cuidado y mantenimiento constante. En un barco de este tamaño y estos años de servicio, ese detalle dice mucho del estándar de Princess Cruises en el mercado japonés.
El Diamond Princess tiene 22 años y aparenta mucho menos. Cuando ves en qué estado están sus espacios comunes, entiendes por qué Princess lo mantiene como buque insignia en Japón.
La tarde fue de Tea time en el buffet (scones deliciosos, calidad que se mantendría consistente durante todo el viaje), lectura, y de primera cena en el Santa Fe Dining Room. Decoración con guiños del suroeste americano, servicio correcto. El viaje acababa de empezar.
BEPPU
14° C
Beppu, el infierno que huele a azufre y sabe a ramen
Con puntualidad, llegamos a Beppu a las nueve de la mañana y bajamos del barco para encontrarnos con algo que ya habíamos visto en otros puertos japoneses, pero que aquí alcanzaba una dimensión diferente: la ciudad entera fumando. No metafóricamente. El vapor de los onsen y las calderas volcánicas asciende por cada esquina, cada tejado, cada grieta del suelo; como si la tierra no pudiera contener lo que hierve debajo.

Nuestro plan era recorrer de forma independiente en bus y andando la ruta de los Jigoku («los infiernos de Beppu»). Sin duda este es uno de esos recorridos que el viajero curioso no debería perderse.
Ocho estanques geotérmicos de colores imposibles: el azul cobalto del Umi Jigoku, el rojo sangre del Chi-no-ike, el gris turbulento del Tatsumaki…

En varios de ellos es posible probar los populares baños de pies sin coste extra. Sumergirse en las aguas termales de Beppu es entender de golpe por qué los japoneses consideran disfrutar de los “onsen” algo sagrado; algo mucho más profundo que la simple terapia de un balneario occidental.
De regreso al barco, el buffet esperaba con una propuesta que marcaría el tono gastronómico de todo el crucero: estación de ramen, miso caliente, arroz japonés, tofu en varias preparaciones.
El Diamond Princess es, de los tres cruceros que he realizado por Japón, el único que adapta su oferta culinaria al puerto del día. Un detalle que parece pequeño y que, en realidad, lo distingue claramente de la competencia.
💡 Consejo de crucerista:
No necesitas excursión organizada para la ruta de los Jigoku. El bus público desde el área del muelle llega a la zona sin complicaciones. La entrada conjunta a los principales «infiernos» tiene un precio más que razonable. Reserva también tiempo para remojar tus piés en los onsen: es, sin duda, la experiencia del día.
HIROSHIMA
11°C (lluvia)
Hiroshima, la ciudad que eligió no olvidar
Llovía cuando llegamos a Hiroshima. Y es difícil pensar en un marco más apropiado para este lugar. La lluvia suaviza los ángulos, ralentiza el paso; obliga a quedarse un poco más de lo previsto frente a cada panel del Museo de la Paz cuando lo recorrimos a pie tras llegar al centro en tranvía desde el puerto.

El museo impacta con independencia de cuántas veces se haya leído sobre lo ocurrido aquí en agosto de 1945. Los objetos hablan de una manera en que los libros no pueden. La camiseta de un niño; el reloj detenido a las 8:15; el contorno de una sombra humana marcada en la piedra. Salimos en silencio y tardamos un rato en recuperar el paso normal.
El Parque de la Paz y la Cúpula Genbaku (el único edificio que se mantuvo en pie cerca del epicentro) completan una visita que no pretende generar turismo de morbo sino todo lo contrario: invitar a la reflexión sobre lo que el ser humano es capaz de hacerse a sí mismo, y sobre su capacidad de reconstruirse después.

Hiroshima es también una ciudad que come extraordinariamente bien. Su plato más popular, el okonomiyaki (con sus capas de fideos y repollo que lo distinguen de la versión de Osaka) merece buscarse en los locales del centro, especialmente alrededor de la calle Hondori.
Ya a bordo, esa noche, el Horizont Court, el buffet del barco, rindió homenaje al plato con una versión simplificada de la original. Lo anotamos como una excepción honesta en un barco que, en general, se ha esforzado por la autenticidad gastronómica.
SHIMONOSEKI
13° C
Shimonoseki, la escala trampa para el viajero independiente
Antes de amarrar en Shimonoseki, el Diamond Princess nos regaló uno de los momentos más hermosos del crucero: el paso a primera hora de la mañana por el Estrecho de Kanmon, que separa las islas de Honshu y Kyushu. Con apenas setecientos metros en su punto más estrecho, el barco atraviesa el canal a velocidad reducida mientras se contempla la vida cotidiana a ambos lados. Vale la pena poner el despertador.
Lo que vino después fue más difícil de disfrutar. Shimonoseki se presentó como una escala trampa para quienes preferimos organizar cada escala por nuestra cuenta.
Al atracar en el muelle industrial de Choshu Dejima, el centro de la ciudad estaba a varios kilómetros del muelle sin transporte público accesible con facilidad (se necesitaba más de una hora, andando y luego esperar un bus público para llegar al centro de Shimonoseki). Incluso si querías usar un taxi las colas de mas de 1 hora lo hacía inviable.

Las únicas opciones eran o una excursión con la naviera o el shuttle organizado a bordo, a veinte dólares por persona ida y vuelta (y 40 minutos de cola). Sin él, la escala quedaba reducida al perímetro del puerto.
Cuando una escala termina con la piscina del barco llena de pasajeros que decidieron no bajar, el puerto ha fallado como destino
La tarde tuvo, sin embargo, un detalle logístico que merece aplauso: a partir de las 16:00, cómo suele ser normal en los itinerarios por Japón las autoridades de fronteras japonesas subieron al barco para revisar los pasaportes de todos los pasajeros (al día siguiente cruzaríamos a Corea del Sur). Sin colas en tierra, sin trámites en puerto. Una solución elegante que debería convertirse en estándar en otras regiones de cruceros.
BUSAN, COREA DEL SUR
8°C (viento fuerte)
Busan, el contrapunto coreano
La única escala fuera de Japón llegó con viento, frío y la curiosidad de comprobar cómo se comportaba la escala coreana en comparación con los puertos japoneses. La respuesta fue clara: Busan cumple, pero personalmente no nos entusiasmó.
A favor: la terminal de cruceros es moderna y funcional, el centro de la ciudad está a quince minutos andando a través de un agradable parque y la estación de tren aledaña conecta con toda la ciudad. Subir al mirador del centro comercial Lotte Mall (planta 13) ofrece vistas sorprendentes de la ciudad y del propio barco atracado.
En contra: no sé si era por ser domingo, pero la energía urbana era muy gris, un poco apagada, comparada con la vitalidad japonesa. El barrio chino local estaba en un estado de conservación más descuidado que el de Yokohama, con curiosos carteles en ruso. Sin conexión de datos móviles en Corea del Sur, la exploración libre se complicó un poco más, pero nada que no pudo ser solucionado con el tradicional mapa tomado en el centro de información turística a pie de barco.

Debido a unas desapacibles condiciones meteorológicas, y no haber encontrado algo que nos impulsará a seguir explorando, regresamos al barco antes de lo previsto, con un donut de Krispy Kreme en mano y la sensación de que Busan es una escala que funciona mejor para quien la visita por primera vez. Para quienes vienen de Beppu, Hiroshima y Nagasaki, el contraste es difícil de ignorar.
💡 Consejo de crucerista:
Si tienes contratado un plan de datos móviles solo para Japón (como Saily en nuestro caso), recuerda que en Busan estarás en Corea del Sur y sin cobertura. Descarga los mapas de la zona en Google Maps antes de llegar; sin navegación, la exploración libre se complica un poco.
NAGASAKI
13°C (lluvia)
Nagasaki, el barco vuelve a casa
Si hay un puerto de este itinerario que condensa todo lo que un crucero por Japón debería ofrecer, este ha sido Nagasaki. Y no solo por su historia, su arquitectura o su gastronomía. Hay algo más: el Diamond Princess fue construido a pocos kilómetros de aquí, en los astilleros Mitsubishi. De alguna manera, volvía a casa.
La terminal Matsugae está situada en pleno centro de la ciudad. Sin traslados o shuttles, sin distancias, sin costes adicionales.

Se baja la pasarela y la ciudad está ahí. Este detalle (que debería ser lo habitual) resulta mucho más valioso después de la experiencia en Shimonoseki. Tan solo si quieres visitar el parque de la Paz necesitarás usar un tranvía o bus si no quieres andar 1 hora mas o menos.
Desde el propio terminal ya podrás ver la preciosa iglesia católica de Ofura, y los jardines de Glover Garden, 2 joyas que se deben visitar tan pronto comiences a andar.

Nagasaki es una ciudad de capas. La primera, y más visible, es la de las iglesias y la herencia portuguesa y española de los primeros misioneros: el término «Nanban» que aparece en carteles y restaurantes tiene raíz en los comerciantes portugueses del siglo XVI; la misma raíz del Chicken Nanban que encontraríamos días después en Aburatsu.
La segunda capa es la de la bomba atómica (el Parque de la Paz y el museo son visitas obligadas, más íntimas y menos masificadas que los de Hiroshima).
La tercera es la de la gastronomía local: los famosos Castella de la ciudad, ese bizcocho esponjoso de origen portugués que los locales han perfeccionado durante siglos.

Esa tarde, de regreso a bordo, el tea time, esta vez en el Horizon Court, con scones recién hechos volvió a estar a la altura. Pequeño ritual que el Diamond Princess mantiene con una consistencia admirable.
La cena en el Pacific Moon Dining Room (decoración con influencias asiáticas, servicio excelente esa noche) y un show de cómico malabarista en el Princess Theatre cerraron uno de los mejores días del viaje.
ABURATSU (MIYAZAKI)
19°C
Aburatsu, el descubrimiento que no esperábamos
Aburatsu no aparece en los grandes circuitos turísticos. No tiene aeropuerto internacional, ni templos famosos, ni la carga histórica de Hiroshima o Nagasaki. Tiene algo mejor: la autenticidad de quien todavía no sabe que es interesante a los ojos del viajero.
El barco atracaba a las 7:30 en un muelle de carga industrial sin terminal ni edificio de recepción, pero donde las autoridades locales habían habilitado una zona de bienvenida con puestos de productos regionales y food trucks. El plato estrella: Chicken Nanban (チキン南蛮); pollo frito en salsa agridulce y tártara, el orgullo gastronómico de la prefectura de Miyazaki. Una delicatessen que pudimos disfrutar a nuestro regreso antes de embarcar.
Aunque la localidad de Aburatsu tenía algunos puntos interesantes a explorar ( el santuario shinto Gion dentro de una gruta) nuestro objetivo viajero del día fue Obi; una localidad cercana en las montañas con un castillo y un conjunto de residencias históricas de samurái que parecen detenidas en el siglo XVII.
Allí llegamos en bus público desde el puerto de Aburatsu (veinte minutos andando hasta la parada, y luego un bus local que funciona cada hora). Con un tiempo de escala de 8 horas teníamos tiempo de sobra para contemplar la calmada vida local mientras esperábamos el autobús.
Este día disfrutamos del mejor clima del crucero (19-21°C, sol intermitente, brisa del sur) hizo que la escala fuera excepcional. La cubierta de la piscina, a la vuelta, estuvo animada por primera vez en días.
KOCHI Y TOBA CANCELADAS
Las escalas que se llevó el viento
A las 6:30 de la mañana del noveno día nos despertaba la voz del capitán Vincenzo Lembo anunciando por megafonía que Kochi quedaba cancelada.
Los fuertes vientos hacían imposible un atraque seguro. Al mediodía, la misma razón obligaba a cancelar Toba; la última escala prevista antes de Yokohama.
Nos esperaban dos días de navegación en mar abierto, con oleaje constante y el barco en movimiento permanente.
La decepción fue real. Kochi prometía sus mercados cubiertos y su castillo; Toba, con su acceso en tender y las perlas Mikimoto, hubiera sido el cierre perfecto del itinerario. Quedarse sin ambas en los días finales dejó un sabor de boca que el crucero no merecía, pero que aceptamos como parte de la experiencia viajera.
Varios pasajeros formularon en voz alta la misma pregunta: ¿no había ningún puerto alternativo accesible?
El Diamond Princess tiene limitaciones de maniobrabilidad en condiciones de viento fuerte (su sistema de propulsión, sin Azipods, le resta flexibilidad comparado con barcos más modernos); pero la sensación de resignación colectiva durante esas últimas cuarenta y ocho horas quedó como la nota menos grata del viaje.

A bordo, las tiendas abrieron, al igual que el casino (estos no fallan ni con el oleaje más fuerte). Y entre las muchas propuestas presentadas por el equipo de animación, el Princess Theatre ofreció un show dedicado a los Beatles («Paul and John») que fue, posiblemente, el mejor espectáculo de las noches a bordo.
YOKOHAMA
14° C
El final que Japón siempre convierte en comienzo
Ya despiertos a las 7:00, y habiendo decidido no desayunar a bordo, bajamos por la cubierta 6 hacia la terminal de Yokohama. Un rápido y eficiente control de frontera entregando el formulario amarillo de aduanas y mostrando el pasaporte que no duró ni cinco minutos nos hacia estar a las 8:00 en tierra, con el barco todavía a nuestras espaldas.
Así funciona Japón: incluso la despedida es ordenada, rápida y sin fricciones.

Ahora nos quedaban unos días extras explorando Japón, esta vez por tierra para llegar lo más cerca posible a su montaña sagrada, el Fuji.
CONCLUSIONES: así fue nuestra experiencia en el Diamond Princess por Japón
Experiencia total
Nueve noches son suficientes para formar una opinión sólida sobre un barco y el itinerario. La del Diamond Princess es la de un crucero que hace muchas cosas bien (gastronomía, camarotes, conservación, animación y entretenimiento a bordo, puntualidad de atraques, logística de embarques y desembarques) y que tiene puntos mejorables concretos: algunos comedores de cenas arrastran una energía de servicio irregular, la variable temperatura del agua en la ducha, mala planificación en buffet durante las horas punta en días de navegación.
Detalles que no afectaron a la sensación de disfrutar a bordo de uno de los mejores cruceros por Japón en esta categoría Premium.
● Lo mejor: la gastronomía a bordo con adaptación al destino, la mini suite y un itinerario que cubre la parte sur y oeste de Japón con escalas muy valoradas por el viajero.
● Lo más mejorable: Shimonoseki como escala trampa para el viajero que prefiere organizar sus escalas libremente.
✱ Por cierto, Princess es de las navieras que no te reembolsa las tasas portuarias si son canceladas por mal tiempo (un detalle que eché de menos tras la experiencia en Holland America Line, no es cuestión de dinero sino de ponerse en los zapatos del viajero).

Sobre el barco
El Diamond Princess tiene 22 años, pero aparenta muchísimo menos y presenta mejor conservación que barcos con solo 10.La renovación que recibió en 2023 ha mantenido sus espacios comunes en estado excepcional.
Es un barco grande (2.700 pasajeros) pero bien distribuido. Los espacios más importantes a bordo se agrupan tanto en la cubierta 14, como las 7 y 6 donde el gran lobby se configura como el corazón y eje central del barco.
La decoración mezcla influencias clásicas náuticas con guiños orientales que encajan perfectamente con el destino. Comedores amplios, bares bien distribuidos en diferentes localizaciones, el casino tiene el defecto habitual de los barcos con zonas de fumadores: el humo invade el espacio completamente.
Dispone de varias piscinas y jacuzzi, estando una de ellas bajo un techo de cristal retráctil. Además, dispone de una promenade o cubierta de paseo que permite andar alrededor del barco en la planta 7, una de las características que más me gustan en un crucero.
Como curiosidad única a bordo de este barco. Dispone de una baño termal japonés tipo “onsen” (separados para hombres y mujeres) con coste extra y que necesita de reserva previa.

Gastronomía a bordo del Diamond Princess
El punto más fuerte, sin duda. Tres dining rooms con carta compartida (Santa Fe, Pacific Moon e International Dining) ofrecen, además de opciones más internacionales, un nivel consistente con platos japoneses y asiáticos bien ejecutados: ramen, tofu, soba, pulpo al estilo japonés, salmón excepcional. El buffet Horizon Court tiene estación permanente de ramen y adaptaciones culinarias según el puerto, además de una gran variedad de platos internacionales.
El café Lavazza del buffet era tan bueno que en nueve días no necesité comprar ni un solo café de pago. No recuerdo que eso me haya pasado en ningún otro crucero
Tanto las hamburguesas, como la pizza junto a la piscina (Calypso) merecen mención especial: crujiente, generosa, un 9 sobre 10.
Lo que faltó: personalmente me hubiera gustado ver más sushi y sashimi en el buffet o menús de cena. Una ausencia aparentemente extraña en un barco con esta bandera y este itinerario.
En este itinerario no probamos los restaurantes de especialidad. La calidad de los menús en los diferentes comedores y el probar restaurantes en cada puerto de escala hicieron que ni siquieras prestáramos atención en ellos.

Vida a bordo
El Diamond Princess es un crucero de viajeros, no para los que buscan fiestas y animación contínua. El pasaje (mayoritariamente anglófono y asiático, con muy pocos hispanohablantes a bordo) vino a ver, vivir, y sentir Japón.
Los shows del Princess Theatre son bilingües inglés-japonés y tienen una calidad correcta, adaptada a un público heterogéneo e internacional. Las actividades diurnas (trivials, scavenger hunt, música en directo) cubren bien los días de navegación.

El sistema MedallionClass funciona, pero personalmente no me convence. Realmente no necesito que me estén localizando las 24h en el barco para traerme una bebida o comida (aún así fue curioso ver a algunos camareros llamando a pasajeros que no podían localizar con sus bebidas en la bandeja), o que me abra la puerta 15 metros antes de llegar a la cabina. Sigo pensando que la clásica tarjeta Seapass da ese plus de intimidad al viajero.
La tecnología Medallion funciona, pero la sensación de que el barco sabe dónde estás en todo momento me hizo sentir un poco incómodo. Sigo prefiriendo la clásica SeaPass

¿Es un crucero para el viajero hispanohablante?
La respuesta honesta es: sí, con matices. El barco opera principalmente en inglés y japonés. Los anuncios del capitán, el programa diario, los shows y la señalización general son bilingües inglés-japonés.
El español no tiene presencia oficial a bordo, aunque la app MedallionClass y los menús están disponibles en varios idiomas.
En nueve días encontramos muy pocos pasajeros y algunos tripulantes de habla hispana. Ricardo, un maître mexicano en el Pacific Moon Dining Room, nos confirmó que somos una minoría.
Si viajas en pareja o grupo y te defiendes en inglés minimamente ( o tienes a mano Google translator), no tendrás ningún problema. Si buscas un ambiente hispanohablante o asistencia en español, este no es tu barco.
Lo que sí encontrarás es un destino (Japón) que no necesita traducción; la experiencia cultural en tierra habla por sí sola especialmente si puedes usar Google translator 🙂.

Conclusiones finales
Reservar el Diamond Princess para navegar por Japón tiene una lógica poderosa: es el barco con mayor presencia en estas aguas, conoce el destino, adapta su oferta a él y ofrece una relación calidad-precio que resulta difícil de superar en este segmento.
Muchos detalles que me recuerdan por qué me gustan los cruceros y que no ves ya ( si no pagas el suplemento o paquete) en las navieras familiares o genetalistas. Cosas tan simple como manteles y servilletas de tela, platos y tazos de cerámica, cesta de panes y mantequilla en las cenas en formato clásico, café en el buffet de calidad, extremado servicio y saber hace de los camareros al servirte, … y sobre todo una gran actitud de la tripulación siempre con una sonrisa y con el genuino cariño de querer ayudarte (aunque no hablen español) a disfrutar al máximo de tus vacaciones.
¿A quién se lo recomendaría? Al crucerista viajero que quiera sumergirse en la cultura japonesa tanto en tierra como a bordo. Al que prioriza el destino sobre el entretenimiento. Al que sabe que un barco grande no es necesariamente un barco peor, si están bien gestionados los flujos y espacios, y que busca un crucero auténtico (como lo fueron antes de la pandemia) y que por desgracia cada vez es más raro de ver en nuestro dias de masificación.
¿Repetiría? Con Princess Cruises en Japón, sí. Con este itinerario concreto, posiblemente; pero sabiendo que se pueden cancelar puertos.
VALORACIÓN
Diamond Princess
El Diamond Princess para navegar por Japón tiene una lógica poderosa: es el barco con mayor presencia en estas aguas, conoce el destino, adapta su oferta a él y ofrece una relación calidad-precio que resulta difícil de superar en este segmento.


