
En el estudio de radio COPE me preguntaron por los protocolos de las navieras. Y los conté. Pero hay otro lado del protocolo que no me dio tiempo a contar. El del viajero.
Ayer estuve en los estudios de Radio COPE en Madrid participando en el programa La Tarde con Pilar García Muñiz, Lorenzo Silva y Ana Martín hablando del brote de Norovirus a bordo del Ambition y del caso del Hondius. El tiempo de antena dan para mucho, no para todo. Y hay cosas que el viajero que tiene un crucero reservado este verano necesita saber.
Voy con ellas.
CONTENIDOS:

El Hondius no es el Ambition
No son la misma noticia. Aunque en titulares de las últimas semanas se hayan mezclado, vienen de mundos distintos y el crucerista merece la distinción.
El Hondius es un barco pequeño de Oceanwide Expeditions, 114 pasajeros, salió de Ushuaia el 1 de abril en la travesía Atlantic Odyssey. Lo que apareció a bordo fue hantavirus, no norovirus. Y el contagio no nació en el barco: nació en tierra, en Patagonia, durante una observación de aves.
El paciente cero fue un pasajero holandés que subió a bordo en período de incubación. La OMS lo confirmó en su informe DON599 y descartó la presencia de roedores a bordo, que es la vía habitual del hantavirus. El virus tarda hasta tres semanas en dar la cara. Un caso excepcional, trágico, con tres fallecidos, y que no se parece en nada al brote del Ambition.
El Ambition es otra cosa. 1.700 pasajeros, naviera británica Ambassador Cruise Line, brote de norovirus de los habituales en cruceros, en torno a 50 afectados, confinamiento levantado el 14 de mayo y próxima escala en un puerto español del cantábrico (según adelantábamos hoy en TELETIPO de Cruceros será La Coruña).
Norovirus rutinario, no enfermedad rara importada desde tierra firme. Mezclar ambos en la misma frase es el primer paso para no entender ninguno.
El británico de 90 años no murió por norovirus
En directo, en el estudio, Pilar comentaba que el británico de 90 años que falleció a bordo del Ambition «perdió la vida por el norovirus». No la corregí en ese momento. Sin embargo las autoridades sanitarias francesas (ARS Nouvelle-Aquitaine) ya habían aclarado que murió de un infarto, sin relación clínica con el brote.
Pongamos esto en perspectiva. COPE es un medio generalista de referencia, una emisora seria, con periodistas serios. Y la frase salió igualmente al aire. Si en un medio así un dato sin verificar viaja durante un directo, qué no pasará en titulares más amarillos que llevan días asociando el brote con la muerte para tener un drama listo para portada.
No hablamos de mala fe. Hablamos de práctica editorial sin verificación. Una víctima de 90 años y un brote en el mismo barco son dos hechos que la prensa generalista pega con cinta adhesiva, y al lector le entrega una conclusión que las autoridades sanitarias habían descartado días antes.
Mientras tanto, el viajero hispanohablante que tiene reservado un crucero por el Atlántico este verano lee esos titulares y toma decisiones con la información torcida.
En la redacción nos toca ser el filtro entre ese titular y el lector. Por eso este artículo existe.
Lo que llevo viendo a bordo desde hace 26 años
He hecho mas de 100 cruceros en 19 navieras. En todo ese tiempo solo he vivido un brote a bordo. Uno. El 0,8% de mis embarques. Lo cuento porque la matemática personal pesa más que cualquier cita del CDC: el barco no suele ser el sitio donde uno se contagia, es el sitio donde uno se da cuenta de que se ha contagiado en otro sitio.
El brote que sí viví fue en mi segundo crucero, a bordo del Celebrity Constellation, recién entrado en servicio en mayo de 2002. Itinerario por la costa este de Estados Unidos. Y ahí pasó algo que se me quedó grabado para siempre. Al entrar el barco en aguas estadounidenses, el CDC puede inspeccionar con consecuencias muy serias para la naviera si encuentra deficiencias higiénicas.
La limpieza que se desplegó a bordo fue extrema. Cerraban pasillos y salas comunes para desinfectarlas en profundidad. Llegaron a desmontar las lámparas para limpiarlas por dentro.
Un camarero me contó al pasar que en las cocinas era todavía más exhaustivo. Equipos rotando por turnos para desinfectar el barco entero, sin un solo metro sin tratar.
Fue la primera vez que escuché la palabra norovirus a bordo. La causa, según contaba la naviera, era un pasajero con los primeros síntomas detectado a tiempo. El barco entero respondió como un mecanismo. Yo no me contagié.
El sitio más vigilado del turismo
En septiembre del 2020 embarqué en los primeros cruceros que volvían a navegar, fue a bordo del MSC Grandiosa desde el puerto de Génova. Además de comprobar los estrictos protocolos en un barco medio vacío, pude visitar las instalaciones hospitalarias del barco.
Eran la envidia de muchos hospitales de los puertos por los que íbamos pasando. No es un comentario casual: a bordo había más capacidad sanitaria operativa que en localidades enteras donde tocábamos.
Esto no es marketing de la naviera. Es lo que vi.
Las cifras macro lo confirman. El CDC de Estados Unidos mantiene que aproximadamente el 1% de los brotes de norovirus a nivel mundial ocurren en cruceros, una cifra muy baja considerando que la industria mueve cada año a decenas de millones de personas en espacios cerrados.
El ECDC apunta que bastan entre 10 y 100 partículas víricas para contagiar. Pequeñas cantidades, mucha gente alrededor, y mucha vigilancia. El barco no es el problema. Es la lente de aumento en un ambiente cerrado durante días.
Lo que sí me quedé sin contar: tu lado del protocolo
En COPE hablé del protocolo de la naviera. De como las navieras contaban con protocolos muy exigentes para el contagio (además de tener todos los servicios de una ciudad flotante: seguridad, prisión, morgue…).
Pero no tuve tiempo de hablar del otro protocolo, el más importante para quien me está leyendo ahora. El tuyo, el del viajero.
Empieza antes de embarcar. Si en las 48 horas previas has tenido vómitos, diarrea o fiebre, no subes al barco. Punto. Aunque hayas pagado el camarote más bonito del mundo. Aunque sea el viaje de tu vida. Aunque te dé rabia. Subir un norovirus en período de incubación a un buque con 3.000 personas es trasladar tu problema a todos.
Ya a bordo, si notas el primer síntoma (y ten presente la palabra «primer», no el quinto) acudes al departamento médico del barco. Inmediatamente. No te autodiagnosticas, no te escondes, no aguantas para no perder la excursión de Santorini.
Allí tienen los medicamentos correctos, los test si hacen falta, y deciden si la cuarentena en cabina procede. Ellos saben, tú no. Y si procede el aislamiento, lo respetas. Está pensado para frenar el contagio en horas, no en días.
Y queda lo aburrido de siempre, pero que funciona. Lavarse las manos. Con agua y jabón, después de cada escala, antes de comer, al volver al camarote. El gel hidroalcohólico ayuda en superficies, pero el norovirus se neutraliza mejor con jabón.
Las navieras que comunican primero ganan: Ambassador y Oceanwide
En esto sí quiero darles todo el crédito. Y va sin matices.
Ambassador Cruise Line, que opera el Ambition, publicó el aviso del brote en su Facebook oficial antes de que la noticia saltara por otros canales. Llevo años repitiendo lo mismo: la naviera que comunica primero, y bien, gana puntos. No los pierde. Nunca he navegado con ellos. Está en mi lista deseada por el tipo de barcos que tienen. Pero esto lo han hecho bien.
Oceanwide Expeditions, la del Hondius, hizo algo parecido en circunstancias mucho peores.
Informaron del estado del barco en su web oficial con actualizaciones constantes, incluso con tres fallecidos sobre la mesa.
La diferencia entre Ambassador y Oceanwide no está en la transparencia. Las dos la tuvieron. Está en la naturaleza del incidente: uno rutinario, otro excepcional. Norovirus en navegación normal frente a hantavirus importado desde tierra.
Que un magazine independiente como nosotros le reconozca el mérito a la naviera del incidente más grave del año es justo lo que toca. No por simpatía a una u otra naviera. Por rigor.
Somos el otro lado del protocolo
Todo viaje implica responsabilidades del propio viajero. Siendo cruceristas, además de disfrutar la mejor experiencia del mundo, debemos ser responsables cumpliendo los protocolos higiénicos marcados por las propias navieras. Somos los más beneficiados. Y un simple gesto, lavarte las manos, puede ser la diferencia entre un gran crucero y ser tú la causa de que se convierta en un mal sueño para muchos.



