Mi experiencia visitando Santorini

La perla de las Cícladas


Continuábamos disfrutando de nuestro crucero por las islas griegas, ya habíamos visitado algunas ciudades antes de llegar a Santorini de las que ya os iré contando mi experiencia más adelante, pero no puedo evitar contaros antes la excursión a Santorini, por el impacto que esta isla causó en mí, me envolvió con su embrujo…

Santorini es un archipiélago de las cicladas que debido a una gran explosión volcánica adquirió la forma que tiene actualmente….parece un redondo bollo, al que se le ha dado un mordisco…

El cielo estaba despejado, el tiempo era magnífico con la temperatura perfecta. Era el mes de junio y esta parada tenía la particularidad de que llegaba a las 4 de la tarde con lo cual nos daba la extraordinaria oportunidad de ver uno de los atardeceres más hermosos del mundo, al menos eso es lo que nos habían contado y uno de los alicientes para conocer esta isla.

Desde nuestro balcón a lo lejos, aún faltaba un rato para llegar, podía ver el azul intenso del mar y el celeste intenso y despejado del cielo, dividido por la isla de Santorini con un contraste muy diferenciado de color. Me parecía un trozo de tarta de moca espolvoreada de azúcar glass…el color moca era el que presentaba las piedras volcánicas de la ladera y el azúcar glass el de las blancas casitas…

A medida que nos acercábamos me iba asombrando más y más…

Cuando el barco fondeó ya estábamos esperando que nos recogieran las barcas que el puerto había dispuesto para los pasajeros. Esta vez no nos llevaron al puerto en los “tenders” del Norwegian Gem..

En cuanto nos acercamos al puerto, empezamos a ver sus blancas fachadas y sus puertas azules, comprobando la gran cantidad de tiendas con souvenirs que había a lo largo del recorrido hasta llegar al teleférico.

Hay varias formas de subir a Fira, en burro o teleférico (llamado cable car y con un coste de 4€ por trayecto). Yo sabía que en burro no iba a subir, me daba mucha lástima ver como los pobres animalitos, que no pueden ni con su alma, tienen que tirar de los turistas subiendo esa empinada y larga cuesta, así que me decidí por el teleférico a pesar de no gustarme nada estar a esa altura.

Nos encontramos con una larguísima cola para subir y nos dispusimos a esperar nuestro turno. Debido al calor que hacía mi amiga y yo decidimos mirar las tiendecitas de souvenirs y comprar algunos recuerdos, mientras que nuestros caballerosos esposos esperaban de forma heroica en la cola….

Mientras tanto íbamos haciendo fotos, algunas de ellas con la figura de un burro, que supusimos que era como un monumento dedicado a tan dócil animal…

Una vez subidos en el teleférico, la duración del trayecto es de 2 minutos y la subida en burro de unos 20 minutos, llegamos a Fira, (la preciosa capital de Santorini que se encuentra a 300 metros sobre el nivel del mar). Nada más bajarnos, empezamos a disfrutar de las vistas, que son sencillamente espectaculares. Pudimos apreciar el hueco dejado por el volcán, la caldera,( donde dicen que sus aguas son templadas, debido a que el volcán está situado debajo) y de sus típicas edificaciones blancas y azules que caracterizan a esta isla. Puedes visitar los museos prehistóricos y arqueológicos. Nosotros no los visitamos, nuestro objetivo era visitar Oia.

Si se dispone de más tiempo esta isla tiene innumerables posibilidades de excursiones, la mayoría de ellas en barquitas que te llevan a otras pequeñas islas de alrededor como son Nea Kameni , Palia Kameni o Thirassia, o a otras zonas de la misma isla, donde puedes disfrutar de sus playa como las de Perivolos, Kamari o Perissa.

El siguiente paso era buscar un taxi para llegar a Oia, (también puedes llegar en autobús o quads, que suele costar unos 12€ por persona) es el más famoso pueblo de Santorini que concentra el mayor número de turistas por ser uno de los lugares más espectaculares del mundo.

Oia está situada a 11 kilómetros de Fira y es donde se pueden ver los más maravillosos atardeceres, además de las blancas iglesias con sus azules cúpulas propias de las postales más características de los paisajes de Santorini.

Empezamos a andar por las estrechas callejuelas llenas de gente y de numerosas tiendas que muestran la preciosa artesanía del lugar; cerámicas, telas, piel, era una auténtica maravilla y una tremenda explosión de color

Empezamos a andar por las estrechas callejuelas llenas de gente y de numerosas tiendas que muestran la preciosa artesanía del lugar; cerámicas, telas, piel, era una auténtica maravilla y una tremenda explosión de color

No sin cierta dificultad finalmente dimos con el lugar donde se cogían los taxis y los autobuses, ¡en qué hora se nos ocurrió coger un taxi!

Había una pareja esperando a la que le toco un taxi en muy buenas condiciones y algunos minutos después llegó el que iba a ser nuestro taxi con un aspecto algo más que deteriorado, Yo como siempre, seguía en mi línea de no tener mucho acierto en coger transportes en el extranjero, así que el taxi de Fira tampoco fue una excepción. No podíamos esperar a que llegara otro, el tiempo es oro y sobre todo si vas de crucero…así que por 15€ por pareja subimos al taxi que nos llevaría a Oia…

Pero ahí no quedo la cosa, lo peor fue al instante de subirnos, cuando comprobamos que el taxista era un kamikaze con todas las letras. Madre del amor hermoso!!!! En donde nos habíamos metido… El hombre en cuestión iba a una velocidad totalmente inapropiada para la carretera por la que nos llevaba a Oia, que tenía precipicios todo el tiempo, además de adelantar a todo hijo de vecino, viniera o no alguien de frente y pisando todas las líneas continuas que se le ponían por delante… vamos, un taxista suicida, saltándose todas las reglas de tráfico.!!!!..Yo no paré de decirle en mi inglés con acento andaluz, don´t run!!! please, don´t run!!!. Hasta la saciedad, pero ni caso. Yo miraba a mis acompañantes y sus caras eran de angustia pero como diciendo si ya estás tú para dar tus quejas, qué más podemos hacer los demás…

En fin después de los 10 km más largos de mi vida, llegamos a Oia completamente traspuestos….la próxima vez que venga alquilo un quad, eso seguro!!!!

Los taxistas te dejan en la mejor zona de Oia, andando solo unos metros me encontré con la primera de las muchas iglesias que nos encontraríamos en la excursión,, estaba colgada en el acantilado al igual que los numerosos restaurantes, hotelitos y casitas todas pintadas con su inmaculado blanco y su azul añil y al fondo el mar…. Pensé que este pueblo era más elegante que Fira.

Mi sensación fue de paz y sosiego a pesar de la cantidad de gente que había a mi alrededor, me parecía estar sola ante esa inmensidad…Fue una desconexión total, que me ensordeció….El pueblecito de Oia me envolvió de su luz y su magia, me enamoró…

Se me olvidó el mal rato que habíamos pasado y empezamos a andar por sus calles empedradas viendo una y otra vez sus Iglesias ortodoxas, entrando en cada una de ellas, sus cafeterías, sus tiendas decoradas con sumo gusto, las tonalidades suaves y limpias te llenaban los sentidos, sus galerías de arte…no podía dejar de piropear una y otra vez todo lo que allí se encontraba..

Nos parábamos en todas ellas y mientras tanto iba transcurriendo el tiempo, a las 8:00 teníamos que estar en el mirador donde se ven los atardeceres más espectaculares y el tiempo se nos venía encima.

Los maridos subieron la larga cuesta hasta llegar a una de las zonas más altas de Oia, allí nos esperaba tan deslumbrante espectáculo, nosotras subíamos con más lentitud, pero con unas ganas tremendas por llegar.

Por fin en la cumbre, rodeado de gente en silencio el sol empezó a ocultarse en el horizonte, nadie quería perderse un detalle, la piel se me iba erizando a la vez que el sol se iba escondiendo, que maravilla, estoy presenciando el atardecer en Santorini.….

Estaba como en trance, cientos de miradas dirigidas hacia el mismo lugar…cuando el sol, se ocultó en su totalidad y todavía ensimismados por lo que habíamos presenciado, decidimos que teníamos que volver al barco, nos quedaba un largo recorrido.

Volviendo sobre nuestros pasos, llegamos a la parada de taxi, mi condición indispensable antes de subir, era que tenía que dejarle claro al taxista que iríamos despacio, los demás se reían pensando “no será capaz”… Vi llegar al taxista que nos había traido a Oia, el suicida, y una vez bajó del taxi nos ofreció sus servicios, ja!!! Ni loca y un chico joven se nos acercó para hacer lo propio, le explique que lo cogería si me prometía que su velocidad sería la adecuada, después de contarle la experiencia anterior, a lo que me contesto que sí, Así que sin más demora, nos subimos. El taxista, durante el camino me preguntaba si iba bien, y yo le decía que era el mejor taxista que conocí jamás, el chico sonreía…. se llevó una propina extra que se mereció sin duda…

Hicimos algunas compras más en Fira que dejamos pendiente para no llevar peso en nuestra visita a Oia.

No dejé de pensar en todo momento lo que hubiera disfrutado mi hija en Santorini, una enamorada de Grecia y de la mitología, espero poder volver algún día en su compañía con más tiempo para poder disfrutar de todas las opciones que te ofrece esta preciosa isla.

De nuevo en el teleférico y esperando una larga cola cogimos el último transporte que nos bajaría al puerto, nuestros tenders estaban esperándonos. Entonces es cuando vi por 1º vez el barco iluminado a lo lejos, que fantástica visión. Hoy nos esperaba con una divertida fiesta en cubierta donde la fruta iba a ser la protagonista, mostrándonos las divertidas formas que esconden en su interior si un artista culinario sabe sacarlas…

Nos alejamos en el oscuro mar dejando Santorini y pensando que era lo más parecido que había visto del paraíso en la tierra…Hasta pronto bella isla…

Mª Ángeles Romero

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