CruiseTour por Alaska con Holland America Line: Excursiones desde Fairbanks


reporteros a bordo

por Mª Angeles y Vicente



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MS Statendam
MS Statendam
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MS Statendam
Naviera: Holland America Line 
Año construcción: 1993
Tonelaje: 55.819 Tn
Pasajeros: 1627
Tripulación: 558


GOLD DREDGE 8 Y RIVERBOAT DISCOVERY CRUISE

Navegando en barco de vapor y buscando oro en el rio

Gold DREDGE 8 es una draga mecánica en un yacimiento de oro, restaurada y conservada tal y como era. Fue fabricada en 1928, y estuvo en uso hasta 1959.

Se recorre las instalaciones en una réplica del ferrocarril Tanana Valley, todo dentro de un ambiente muy recreado de película de buscadores de oro. Nos reciben con música de banjo, para entrar en ambiente.En el tren, el conductor va explicando el proceso de lavado de la tierra, y de la forma en que buscaban el oro. Todos van vestidos de mineros de época, y hay un matrimonio que desde el edificio de la draga explican la vida que se llevaba en esos momentos. El, bastante mayor, con una larga barba canosa y aspecto de minero tal y como salen en las películas. Ambos llevan micrófonos inalámbricos, y desde el tren, oímos perfectamente todas sus explicaciones.

Llegamos a una parada en la que nos bajamos para entrar en la zona central de almacenes, que ahora son museos, tiendas, y una instalación enorme de bateas y canalizaciones de agua “calentita”, en la que con una bolsa de tierra que nos han dado a cada uno, una vez que nos enseñan cómo, nos ponemos a buscar oro.
Tiene un pequeño truco, cada saquito de tierra, tiene unas pequeñas pepitas, como trocitos de pan de oro, y cada turista debe encontrarlas. Hay gente alrededor que te echa una mano, y te anima a conseguirlas. Se trata de lavar la tierra, girarla en la batea, y volver a meterla al agua, para que lo que se va quedando en la superficie se caiga, además de ir quitando las piedras más grandes a mano.
En mi bolsa no lo encontrábamos (ni yo, ni la señora que se puso a enseñarme: in- in out; in- in out, me decía para que sacara y metiera la batea en el agua), y me trajeron otra, en la que sí saqué dos raspaduras de oro…

Después, cada uno con su tesoro, que ha metido en un tubito negro de carrete de foto antiguo, vamos pasando adentro, en dónde te lo pesan y te sugieren colocarlo en una cajita-colgante, previo pago según el modelo escogido. Nosotros tenemos 29 dólares de oro…o eran gramos…?

En la tienda de recuerdos, hay un autoservicio con café, té y galletas, gratuito y muy bien surtido.
El autocar nos espera junto a los tubos de la Pipeline que es la instalación que transporta el petróleo de Alaska.

Riverboat Discovery Cruise.


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barco de palas
barco de palas
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La segunda excursión es en un barco de palas. Comimos primero en las instalaciones del Riverboat Discovery en la orilla del río, en las que había tiendas de recuerdos, un restaurante, y un gran salón con mesas y bancos corridos, en el que nos sirvieron una comida con un menú bastante rudimentario, al estilo del de los mineros del oro.

El menú fue:

-Una especie de sopa de verduras, espesa y muy picante. Un guiso de carne, patatas y verduras, también muy espeso (en una marmita de hierro con asa, igual a las de los mineros y puesta en el medio de la mesa, con un cazo para que cada uno se sirviera).
-En el centro de la mesa,varias fuentes con ensalada de pasta con tomatitos cherry y alguna verdura, que también picaba muchísimo.
-Un bollo de pan que parece un dulce de postre, y un tarro de miel con forma de osito, que se sirven en el pan o en la ensalada, que pienso será para compensar todo lo picante.
Para beber, jarras de agua, té con hielo, y cervezas o la bebida que pidas (que será de pago).

El barco de palas es bastante grande, tiene tres pisos, con zonas de asientos cubiertas y, otras, al aire libre arriba del todo. (El de la foto es más pequeño que el que llevamos). Será un paseo de tres horas, por el río Chena, hasta su unión con el río Tanana.
Al poco de salir, nos harán una exhibición del despegue del agua y el aterrizaje en ella de una avioneta y otra de una barca rápida con hélices enormes detrás (supongo que será para enseñarnos los medios de transporte que usan por el río).

En un paseo tranquilo y relajante, llegó frente al criadero de perros de trineo de Susan Butcher’s (una célebre corredora que ganó la carrera del Iditarod tres veces en su vida) y de su marido, que ha escrito un libro sobre ella (que ha muerto), y que aprovechó para firmar y vender ejemplares.
Allí paró el barco y todos nos asomamos a la barandilla de las cubiertas de ése lado, como si de balcones se tratara, para disfrutar del espectáculo.
Enseñaron varios cachorros que hicieron alguna monería, y conectaron con el adiestrador en tierra que, con un micrófono inalámbrico, explicó como trabajaban con los perros. Organizó una demostración de una carrera de trineo, con un montón de perros con arneses, tirando de un tractor pequeño. Dieron una vuelta por detrás de las instalaciones y, mientras tanto, el conductor del “trineo”, comentaba incidencias y anécdotas.

El barco siguió el curso del río, que no llevaba demasiado caudal, y en sus orillas iban apareciendo casas de madera de construcción típica americana, algunas verdaderamente grandes y bonitas. La zona parece que es considerada como residencial de fin de semana.

Prácticamente durante toda la excursión, un animador estuvo hablando con un micrófono contando cosas; muchas veces en plan espectáculo: modulando la voz, subiéndola, bajándola, actuando con ella, con carcajadas y aplausos de la concurrencia. Y, cada vez que nos enseñaban algo interesante en la orilla, “conectaban” con el protagonista, al que entrevistaban en directo para que explicara de que se trataba. Resultaba un verdadero espectáculo americano, muy bien montado técnicamente.

Y, lo mejor para mi gusto de toda la excursión: nos bajamos para visitar una aldea de indios Athabaska, que son los nativos de ésta zona, conservada tal y cómo era hace 100 años.


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Pueblos nativos de Alaska
Pueblos nativos de Alaska
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Desde el barco nos habían ido enseñando toda la Chena Indian Village, y explicando para qué se utilizaba cada una de las construcciones. Pasamos por un cercado con cuatro caribús dentro. La zona de secadero de salmón, en dónde un chico explicó y enseñó, como lo preparaban antes de colgarlo para que se secara. Unas cuantas casas rodeando una zona central, en la que había preparado un auditorio de bancos de madera, que es hacía dónde fuimos una vez que bajamos del barco.
Varios jóvenes Athabascas con el inalámbrico de rigor, contaron como vivían en la aldea sus antepasados, de qué forma cazaban los animales y cómo preparaban sus pieles; y, sin olvidar el espectáculo, se vistieron los trajes típicos y los fueron enseñando y describiendo.

Después tuvimos tiempo de recorrer el poblado, y de ir entrando en las casas que estaban puestas con todo detalle de recreación de época.
Junto a las casas, en un cercado, había un alce enorme disecado, casi del tamaño de un caballo, que resultaba impresionante.

Subimos de nuevo al barco que, poco después llegaba, a la unión de los ríos Chena y Tanana, en dónde giró para lentamente hacer el camino de vuelta.

El animador seguía hablando, sin parar, y ahora tocaba el turno de hacer una presentación-degustación de salmón ahumado en lata.
En cada cubierta montaron una mesa con las latas y un bol en dónde estaba preparado el salmón ahumado, en una receta picado y mezclado con queso(o algo así) y untable en rebanaditas de pan. Animaban a probarlo y, cómo no, a comprar las latas.

Durante todo el tiempo, en varias zonas del barco había café y té, de libre disposición.
También había posibilidad de tomar cualquier bebida en el bar, y de comprar en su tienda de recuerdos.

Los jóvenes Athabaska que nos habían enseñado las costumbres de sus mayores, también formaban parte de la actualidad y trabajaban en el barco, atendiendo el bar, presentando el salmón, como azafatas…

Precisamente una de las azafatas, al oírme hablar en español, me contestó también en español, y me contó lo mucho que le gustaba poder ponerlo en práctica. Lo estaba aprendiendo en la Universidad, en dónde figuraba como posibilidad de segundo idioma, y tenía mucho interés en poder visitar España, entre otras cosas porque la familia de su novio había viajado ya aquí.

También a nosotros nos hizo mucha ilusión oírla hablarlo, y ver cómo, tan lejos, había gente que deseaba visitarnos.

De nuevo en nuestro hotel, salimos a pasear y dimos una pequeña vuelta alrededor de él pero, ante lo poco que nos atrajo lo que encontramos, volvimos casi sobre nuestros pasos y cenamos en el restaurante del mismo, unas ensaladas y unas hamburguesas nada especiales. Como muestra de la buena voluntad de todo el mundo para entendernos, el camarero, ante una duda nuestra del menú, que no lograba hacernos entender, se fue a buscar a uno de los cocineros que era sudamericano y hablaba español.

Al llegar a la habitación nos encontramos con una avería del aire acondicionado que producía un sonido ensordecedor por el que nos cambiaron de habitación sin que hubiera que pedirlo. Al ir a acostarnos, después del trasiego de maletas y bolsos, las sábanas estaban sucias y nos tocó volver a dar explicaciones en la recepción, esperar que vinieran a verlas y, de nuevo, cambio de habitación.
Menos mal que el personal de la recepción era maravillosamente agradable y con una profesionalidad total. Incluso algunos hablaban algo de español.

Rellenamos una reclamación al día siguiente, pero aún estamos esperando que el hotel o la Holland, nos contesten.

El equipaje lo dejamos preparado en la puerta de la habitación, antes de acostarnos, para que mañana una parte vaya directa al barco, la que no necesitaremos para el tour, y la otra directa a nuestro hotel en Denali. Diferentes etiquetas en las maletas lo indicaban.

Continuará…

Mª Angeles y Vicente


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reportero a bordo, experiencia en crucero

Mª Ángeles Ruiz y Vicente Cañón

 

[dropcap2]D[/dropcap2]esde siempre viajar ha sido una de las cosas que más nos ha gustado. España la conocemos bastante, y poco a poco vamos ampliando con otros países

Nuestra primera experiencia con los cruceros fue en el 1998, con el buque D. Juan, una pieza ya casi histórica en ése momento, con el encanto de un barco sumamente marinero y adornado con maderas oscuras. Era un crucero por el Mediterráneo, en el mes de noviembre, y durante toda la semana que duró, no hubo un día en que el mar estuviera tranquilo. Las olas eran tan grandes que parecían sobrepasar el barco y, se movía tanto, que era imposible caminar bien ni siquiera agarrado.

A pesar de ello, nos enamoramos de esa forma de viajar y, afortunadamente, seguimos disfrutándola. Ya hemos realizado 14 cruceros.

Y desde que con internet se puede diseñar mejor cada escala, parece que se empiece a vivirlas mucho antes de llegar a ellas.

En barco hemos conocido todo el Mediterráneo; Noruega y Cabo Norte; el Atlántico hasta Casablanca y Agadir, la Patagonia desde Buenos Aires hasta Santiago de Chile; Islas de Grecia y Turquía con un velero de Star Clippers; bastantes islas del Caribe; el Báltico; y últimamente un transatlántico Barcelona-Miami.

Nuestros próximos proyectos son Alaska y Canadá costa Oeste, o Canadá costa Este. Aunque la lista es muy larga, y cada día se van añadiendo nuevas posibilidades.

Mª Ángeles Ruiz y Vicente Cañón

viajar en crucero





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